Levántate y anda
Me miras seria. En serio. Tomas mi mano y tiras con fuerza hacia atrás. Me levantas para que te siga. Tú delante, tirando de mi mano, pareces tan segura de la dirección y el destino que no me atrevo ni a preguntar ¿a dónde? o ¿para qué?. Te paras en seco al llegar al ese nogal joven que tu abuelo plantó hace pocos años. Debajo apenas hay sombra y a los dos, casi desnudos, a pleno sol, nos llama la atención el estruendo sonoro de la chicharra. Estás segura que está ahí y me reclamas que la busque, que la encuentre, que la baje: quieres verla y preguntarle, como yo a ti, ¿qué narices haces que no estás durmiendo la siesta?.